La Salamanca es un espacio que recoge huellas que en él se imprimen, que modifica la vida de quienes lo recorren, pero también recoge sus recorridos y se conforma en acumulación de experiencias. Es un palimpsesto sonoro en el que el tiempo marca su existencia. Planteamos éste como un espacio vital en el que el tiempo funciona como síntoma de vida. Cada sonido que ingresa al registro de la Salamanca es una célula del sistema que se fusiona, influye y es influida por las otras experiencias sucedidas y futuras, generando así la acumulación de capas sonoras.
Se montará una estructura que permita al espectador tomar la decisión de sumergirse en un espacio invadido por humo. Luego de haber ingresado por un túnel oscuro y que sólo le permite ver una luz que se filtra desde el fondo, el espectador se encuentra en una gran sala, de la cual no puede ver en forma nítida, ni los lados ni el fondo. El piso, cubierto de humo, parece ser homogéneo, pero al comenzar a recorrer la sala, se percibe la inclinación del suelo, la decisión pronto ha de tomarse: retroceder o continuar.
Se trata de una instalación interactiva, y de un espacio artificialmente construido para alterar la percepción del espectador. El suelo de La Salamanca recoge los sonidos que generan quienes la recorren, para acumularlos en su memoria, generando huellas de las experiencias que en su seno se viven. El sonido ambiente de este espacio, por lo tanto, es una acumulación de los recorridos realizados y las experiencias vividas dentro de la obra.